5 de octubre de 2014

Costa Rica, 28 de julio de 2014

Un Perezoso de tres dedos (Bradypus variegatus) junto al puente de la Estación Biológica La Selva.
Otra foto del mismo ejemplar.

Un vídeo de otro ejemplar que estaba muy cerca, comiendo hojas de un árbol del género Cecropia, su favorito. Este tenía el pelo más largo, revuelto y verde.
Esta es la postura en la que se ven más a menudo los perezosos: colgando de una rama.

Vídeo de cómo se rasca un Perezoso de tres dedos.
Le basta una extremidad para sujetarse a la rama de un árbol.
Macho de Mono congo o aullador (Alouatta palliata) sobre un cable del puente de la Estación Biológica La Selva.
Otra foto del mismo ejemplar.

Un macho de Saltarín cuelliblanco (Manacus candei).
Un macho de Basilisco café (Basiliscus vittatus).

El macho de Basilisco café.
Una Ameiva de cuatro líneas (Ameiva quadrilineata).
Un macho de Iguana verde (Iguana iguana).
Otra foto del mismo ejemplar.
Un detalle de la cabeza de este macho. La mayoría de la iguanas que vimos durante nuestra estancia en la Estación Biológica La Selva las encontramos asoleándose en parte superior del dosel de los árboles.
Un Galápago negro de río (Rhinoclemmys funerea) asoleándose en la ribera de un arroyo.
Un Tabacón (Cespedesia macrophylla). Algunos de los árboles que se encuentran junto a los caminos que hay habilitados para los investigadores y turistas tienen un pequeño cartel con su nombre. Así pudimos saber de la identidad de algunos de estos árboles.
Un Cacho de venado (Vitex cooperi). Como puede leerse en el libro "Un compañero neotropical", el bosque primario en La Selva es una escena de constante cambio. Árboles y grandes ramas caen al suelo, abriendo nuevos claros y aplastando plantas pequeñas en el proceso. Pequeñas ramas, bromelias y otras epifitas, frondas de palmas de 6 metros de largo, hojas más pequeñas y frutas caen constantemente. El riesgo de que las plantas en el bosque de La Selva sufran un daño físico es por lo tanto elevado.
Un Gavilán (Pentaclethra macroloba). Como se dice en dicho libro, este árbol leguminoso, el más común en La Selva, es un ejemplo típico de muchos árboles altamente tolerantes a la sombra profunda pero que, sin embargo, crecen más rápidamente en las condiciones de alta luminosidad provistas por los claros. Sólo especies que son completamente intolerantes a la sombra requieren de claros para crecer y reproducirse. Por muchos años se ha sabido que árboles muy jóvenes de algunas especies son capaces de permanecer en el sotobosque, pequeños pero saludables, continuando su crecimiento en altura cuando disponen de luz adecuada. Los especialistas del sotobosque no requieren necesariamente de los claros, pero los aprovechan cuando la oportunidad se presenta.
Un Sangrillo o Paleta (Pterocarpus hayesii). En dicho libro, se lee que en La Selva, la mayoría de los claros se producen de junio a julio y de noviembre a enero, los meses más húmedos.
Meliosma donnellsmithii. Según dicho libro, de las 105 especies de árboles de dosel estudiadas como árboles jóvenes en La Selva, se estimó que cerca de un 75% dependen, al menos en parte, de los claros para completar su ciclo de vida.
Un Palmito (Prestoea decurrens). Según ese libro, mediciones realizadas en La Selva indican que los claros de entre 275 y 335 m2 reciben el 8,6%-23,3% de la luz solar, comparado con el sotobosque interior del bosque, que recibe solo el 0,4%-2,4% de la luz solar. De esta forma, un gran claro puede ofrecer a las plantas hasta 50 veces más radiación solar que el interior del bosque. Además, esta luz solar es de “alta calidad”, con longitudes de onda apropiadas para la fotosíntesis. Por el contrario, el sotobosque sombrío es generalmente limitado no sólo en intensidad de luz total sino que también en longitudes de onda desde los 400 hasta los 700 nanómetros, las longitudes de onda roja y azul que son las más utilizadas en la fotosíntesis. La mayor parte de la radiación solar de alta calidad (61-77%) dentro del sotobosque sombrío de un bosque se recibe en forma de fragmentos solares de luz de corta duración. La cantidad total y calidad de la radiación solar son probablemente los factores limitantes más importantes para el crecimiento de las plantas dentro de los bosques tropicales, de ahí la importancia de los claros.
Un Male (Richeria dressleri). Según dicho libro, la gran mayoría de las plantas vasculares conocidas en La Selva se presenta en pequeños números, por no decir que son raras. Aquí la tasa de perturbación es tan alta que se estima que el bosque completo se recambia aproximadamente cada 118 años y el 6% del bosque primario son claros. De un estudio desarrollado entre los años 1970 y 1982 resultó una tasa de mortandad anual del 2,03% de árboles y lianas mayores de 10 cm de diámetro. En general, la supervivencia de los árboles más allá de 100 ó 200 años parece rara para los árboles del dosel de La Selva.
Una Pastora (Warszewiczia coccinea) es un arbolillo de hasta 15 metros de altura. Según el libro, la existencia de árboles emergentes es una característica de los bosques tropicales lluviosos. En un estudio de cinco especies de árboles emergentes en La Selva, mostraron tasas de mortandad de adultos significativamente menores que las de los árboles no emergentes. Quizás los árboles emergentes están más protegidos de ser dañados por la caída de otros árboles, debido a que sus coronas crecen por encima del resto.
Un Lagartillo (Xylopia sericophylla). El bosque tropical húmedo es el hábitat de una enorme cantidad de especies de invertebrados. Actualmente hay un ambicioso intento de inventariar todos los artrópodos que habitan en la Estación Biológica La Selva. Conocido por el acrónimo ALAS (Artrópodos de la Selva), el proyecto hacia mediados de 1995 había documentado 6.151 especies, representadas por 56.881 especimenes.
Un Almendro de montaña (Dipteryx panamensis). El Guacamayo ambiguo (Ara ambiguus) se alimenta principalmente de sus frutos, según el informe "Relación de dependencia directa para la alimentación y anidación de la lapa verde (Ara ambigua) y el almendro (Dipteryx panamensis) en la zona norte de Costa Rica".
Yo en la Estación Biológica La Selva. El alojamiento en una casa más los desayunos, comidas y cenas para cuatro personas nos costó 280 dólares por día. También se incluía una visita guiada, que habría sido sólo en inglés, si no fuera por el escaso dominio de esa lengua del que escribe y su familia. Efectivamente, el inglés es la lengua principal en La Selva. Incluso las guías de aves y mamíferos que manejábamos están editadas solo en inglés. A todos nos sorprendió el hecho de que las ventanas de la casa donde nos alojamos no tuvieran cristales; solo mosquiteras. Dormir en una casa envuelto por los sonidos de la selva tropical resultó una experiencia estupenda. También las tormentas nocturnas con la lluvia cayendo con fuerza sobre el tejado metálico de la casa y el frescor del agua entrando por las ventanas. Y por supuesto, la experiencia de poder charlar con varios investigadores. Aquí coincidimos con dos entomólogos que tenían marcados con banderitas los agujeros de entrada de varias docenas de hormigueros; les vimos sentados y anotando las interacciones entre las hormigas. También coincidimos con una investigadora que iba anotando en qué especie de árbol se encontraba cada uno de los agujeros tallados por los pájaros carpinteros. En la casa más cercana a la nuestra estaba alojada una pareja de mejicanos; ella dedicada al estudio del comportamiento de las aves y él, un licenciado en lengua y literatura española, admirador de la obra de Benito Pérez Galdós, mientras, cuidando de su bebé. Hablamos varias veces con Héctor, un simpático biólogo tudelano que estaba realizando su maestría en Costa Rica y que en La Selva estaba estudiando las especies de colibríes que visitaban cada especie de Platanilla (Heliconia spp.). También aquí coincidimos con una pareja de ornitólogos con los que previamente estuvimos viendo los pájaros que acudían al gran Higuerón frente al mirador del Arenal Observatory Lodge.
Una Hormiga bala (Paraponera clavata). El dolor que provoca su mordedura es 30 veces superior al de una abeja o avispa, solo comparable al que provoca un balazo y de ahí, su nombre. También se llama Hormiga 24 horas, por la duración del intenso dolor que produce.

Hormigas defoliadoras sin identificar en sus caminatas por el suelo del bosque. En La Selva eran muy comunes.
Una mariposa del género Parides.
Un Arasarí acollarado (Pteroglossus torquatus).
Vídeo del mismo ejemplar.
Una foto de otro ejemplar.
Una Tangara cabecidorada (Tangara larvata).
Una hembra de Mielerito verde (Chlorophanes spiza).
Una Tangara carinegruzca (Mitrospingus cassinii).
Un Tucán pechigualdo (Ramphastos swainsonii).
Un Tucán piquiverde (Ramphastos sulfuratus).
Una Amazona harinosa (Amazona farinosa).
Un Anolis cabezón (Norops capito).

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